En España, un jurado decide que el suicidio de un joven fue en realidad homicidio | Internacional

En España, un jurado decide que el suicidio de un joven fue en realidad homicidio |  Internacional

Los padres y amigos de Iván lo describieron como un chico normal de 17 años. Fue a la escuela secundaria, jugó fútbol, ​​tomó lecciones de piano y salía con sus amigos. Quería convertirse en miembro de la policía antidisturbios.

Un día, se conectó a un sitio de citas y comenzó a hablar con un hombre casi 40 años mayor que él. Eventualmente, el hombre comenzó a enviarle mensajes amenazantes a Iván por WhatsApp: “Te voy a enseñar a no perder el tiempo. Voy por ti. Voy a arruinar a tus padres por tu culpa. El acoso duró siete horas.

Iván contestó algunos de los cientos de mensajes que se enviaron. Comenzó con disculpas: “No lo volveré a hacer. Por favor, no lo hagas. Yo haré cualquier cosa que usted quiera.» Finalmente, comenzó a advertir al hombre que se quitaría la vida. Pero los mensajes no cesaron.

“Si te suicidas, destruirás a tus padres”, fue una de las respuestas.

Momentos después, a las 18.40 horas del 1 de diciembre de 2016, Iván se tiró de la azotea de su edificio. En sus bolsillos, llevaba su billetera, llaves y celular. Pasaron ocho meses para que se examinara el contenido de su teléfono móvil y se descubriera el acoso al que se había enfrentado. Para los padres de Iván, la búsqueda generó sentimientos de “alivio y rabia”. Alivio porque tenían un por qué – rabia porque había un quién.

La Audiencia de Castellón, en la provincia de Valencia, ha encontrado culpable a Vicente Paradís, un hombre de 62 años, del delito de homicidio, a pesar de que nunca conoció al menor. Tiene antecedentes por un acto de agresión sexual cometido en 2004, en la cercana provincia de Alicante.

Durante el juicio de siete días, Paradís, un hombre delgado de mirada distante y ojos entrecerrados, no se inmutó. Ante las cámaras de televisión, incluso sonrió. Los peritos forenses lo han definido como una persona «sencilla», de bajo nivel intelectual, pero sin ninguna condición que le impida ser consciente de sus propios actos. Las palabras de los abogados provocaron, en ocasiones, lágrimas entre los familiares de Iván; Paradís responde con ligeros giros de cabeza y miradas de soslayo. Al comienzo de cada día del juicio, no tuvo problema en pasar junto a los padres de Iván, mostrando una actitud de abierto desprecio.

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El miércoles, nueve miembros del jurado, seis hombres y tres mujeres, deliberaron a puerta cerrada. Finalmente encontraron culpable a Paradís, usando una doctrina llamada imputación objetiva. El Tribunal Supremo de España explica la teoría de la siguiente manera: “La esencia de la teoría… reside en la idea de que el resultado lesivo debe ser imputado al imputado siempre que dicho resultado sea la consecuencia o realización de un peligro legalmente desaprobado creado por él, porque Si la víctima no se hubiera encontrado en la situación creada por el victimario, el delito no se habría producido”.

La doctrina de la imputación objetiva no es una teoría ampliamente conocida. Si bien puede resumirse como resultado de una acción, se involucran otros aspectos jurídicos. En el caso de un homicidio, la zona gris es más amplia, ya que la definición en el Código Penal está claramente expresada como “el que mata a otro”.

Para dejar las cosas más claras a un grupo de jurados sin experiencia en asuntos legales, la fiscalía optó por incluir una acusación subsidiaria además del cargo de homicidio. Si el jurado no hubiera podido encontrar a Paradís culpable de homicidio, habría tenido la opción de declararlo autor de un homicidio culposo, en el que “la imprudencia grave causa la muerte de otro”.

La defensa negó que Paradís fuera el autor de todos los mensajes de acoso. Pero la fiscalía no tuvo dudas: “Esta situación de acoso permanente y chantaje emocional provocó que el menor se suicidara arrojándose al patio interior de su edificio de apartamentos”. Incluso después del suicidio, el acusado siguió enviando mensajes y fotos similares. Los mensajes de texto burlones se intercalaron con notas de voz de Iván pidiendo perdón.

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“El acusado creó el riesgo, se le advirtió [by the victim] de la consecuencia que podía tener su actitud y aceptó la posibilidad del resultado de muerte”, explicó el martes el fiscal. Destacó que el imputado, en ningún momento, bajó la intensidad de las amenazas y que ejerció una “influencia vital” en la muerte de Iván. “La menor no está entre nosotros por culpa del imputado”, resumió.

La defensa, por su parte, había pedido al jurado que valorase dos posibilidades: la primera, que no fuera Paradís quien enviase los mensajes, aunque procedían de su teléfono -según su testimonio, prestó su móvil a alguien durante más de un día. La segunda posibilidad: que el teléfono haya sido manipulado. También se alegó que el acusado no estaba acompañado por su abogado cuando fue interrogado por la policía, aunque la ley no lo exige.

El segundo abogado señaló: “No digo que fue la policía la que modificó la conversación… sino que lo pudo haber hecho otra persona”. La defensa consideró que durante los ocho meses que el teléfono estuvo en la comisaría -cuando el caso no se investigaba como nada más que un suicidio- debió haber sido custodiado constantemente.

“La evidencia está contaminada”, argumentó. Aún así, en su alegato final afirmó en varias ocasiones: “El imputado no mató al menor, el menor se suicidó”, desconociendo la teoría de la imputación objetiva que presentó la fiscalía.

La fiscalía describió a Iván como un adolescente normal; la defensa trató de demostrar que era un niño problemático.

“Era un buen chico. No se merecía esto solo porque estaba descubriendo su sexualidad… le quitaron la vida”, dijo el fiscal al jurado. Habló en nombre de los padres y el hermano de Iván, quienes rompieron en llanto al concluir el juicio. “Era un adolescente normal”, afirmó el fiscal en respuesta al abogado del acusado, quien argumentó que Iván era un problemático consumidor de hachís que llevaba una doble vida.

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Iván, según sus amigos, solo se fumaba un porro “cuando salían de fiesta o los fines de semana”.

“Tenía hábitos de consumo”, dijo el abogado del imputado, a pesar de que el informe de toxicología realizado al menor tras su muerte resultó negativo para estupefacientes. “Le mintió a sus padres”, continuó, porque las conversaciones con sus amigos revelaron que una vez los había engañado sobre a dónde iba. “Estaba en ambientes desagradables… algo le estaba pasando, tenía problemas”, dedujo el abogado defensor de las declaraciones de los amigos de Iván sobre que él estaba un poco retraído. Estas palabras provocaron fuertes reacciones por parte del padre y hermano de la víctima; el juez presidente les pidió que abandonaran la sala del tribunal.

La última persona que habló con Iván fue su prima, quien declaró en el juicio. Pasó una hora antes de que se arrojara del techo de su edificio. Iván le dijo a su prima que alguien lo estaba amenazando, pero no quiso decir más.

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